Quién es quién en el frente anti-Bolonia

By on 15 diciembre, 2008 in Artículos, Educación, Entrevistas | 0 comments

Miguel Urbán Share On GoogleShare On FacebookShare On Twitter

Las últimas semanas de Oriol Sagrera, de 22 años, estudiante de Historia en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), han sido frenéticas. No por los exámenes, la preocupación clásica del estudiante, sino por las ruedas de prensa y los encierros contra el Proceso de Bolonia en los que ha participado. Sagrera representa al Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC) en la Coordinadora de Asambleas de su universidad y es el negociador ante el rectorado en las semanas de ocupaciones que están viviendo las facultades del campus. Y además es uno de los 27 alumnos expedientados bajo la acusación de ocupar por la fuerza la Facultad de Letras y el Rectorado de la UAB. Sagrera recita la máxima que anima al movimiento anti-Bolonia: “La lluita es l’únic camí” (La lucha es el único camino). Y añade: “Agotaremos todos los medios hasta conseguir que haya una moratoria en el Proceso de Bolonia para impulsar un debate público”. Con este espíritu belicoso, las últimas semanas grupos de activistas han irrumpido en cinco facultades de la UAB y han interrumpido las lecciones. Sagrera no duda de la legitimidad de esas acciones: “Entramos en las aulas, impulsamos un debate y votan si se quieren sumar o no a las protestas”. El problema es que a los que no están de acuerdo no les Ferdejan seguir en clase: “Si votan en contra, no negamos el derecho de docencia, sino que pueden ir a dar clase en algún aula libre de otra facultad”, dice.

‘Made in México’

Este movimiento sostiene que la reforma de Bolonia, en principio dirigida a unificar los estudios superiores en Europa, mercantiliza la educación. Critican la nueva modalidad de becas con préstamos bancarios, la fórmula que incorpora 30 horas semanales de trabajo en casa –e impide compaginar estudios y vida laboral– o la sustitución de las actuales licenciaturas por grados que han de ser complementados con másteres.

La inspiración del frente anti-Bolonia llegó de México. Lo explica Miguel Urbán, uno de los teóricos clave de este proceso, que señala como el modelo la huelga contra la subida de tasas que convulsionó la Universidad Autónoma de México en 1999. Urbán, licenciado en Historia de 28 años, activista antiglobalización desde los 15 y militante del partido Izquierda Anticapitalista, ha impartido conferencias a estudiantes de Francia, Grecia e Italia y es coautor del único libro sobre el asunto, Euro-universidad: mito y realidad sobre el Proceso de Bolonia. Explica la evolución de las protestas desde el 2000, cuando nació la Asamblea General de Huelga, a semejanza de la mexicana. “Nos movilizamos contra el Informe Brigall, que mencionaba por primera vez la subida de tasas y las becas préstamo –recuerda Urbán–. En 2001 creamos la Coordinadora de Asambleas de Escuelas y Facultades contra la Ley Orgánica de Universidades”. La sucesora fue en 2004 la Asamblea Contra la Mercantilización de la Educación, ya en guerra abierta contra Bolonia. Hoy se organizan por asambleas: en cada facultad los estudiantes más implicados convocan una asamblea, los portavoces de ésta se coordinan con los de otras facultades y éstos, con los de otras universidades de la región.

“El nivel de participación me sorprende. Antes acudía gente a las movilizaciones, pero ahora la implicación es brutal”. Alfredo Almendro desmonta una primera impresión de tímido cuando habla, invadido por la seguridad. Estudiante de Filosofía de la Complutense y miembro de Juventudes Comunistas, preside la Delegación Central de Estudiantes de su universidad. Su facultad es desde el comienzo uno de los principales focos anti-Bolonia. Admite que han recibido “simpatías” de formaciones políticas de izquierda, pero niega tajante que haya partidos detrás: “Ninguna organización coordina ni está al servicio de este movimiento”. Almendro lo retrata como descentralizado, con Barcelona, Sevilla, Madrid y Valencia como lugares más contestatarios. Internet es el instrumento clave: “A través de webs como Noabolonia.org discutimos acciones conjuntas, sabemos lo que sucede en otras facultades y llegamos a más gente”. Alfredo Almendro se queja del estereotipo del estudiante indolente que no sabe por qué se queja: “Las movilizaciones no son nada nuevo. Aquí llevamos cinco años reuniéndonos en asambleas y encerrándonos a la japonesa para estudiar y analizar los textos”.

Contra ese tópico se expresa también el profesor de Filosofía de la UCM Carlos Fernández Liria. “En 25 años como profesor nunca había visto un movimiento estudiantil tan informado –cuenta–. He visto debates entre rectores y alumnos, y éstos conocían mejor las leyes”. Fernández Liria, coautor del libro de Educación para la Ciudadanía que causó las iras de la Iglesia y declarado simpatizante del venezolano Hugo Chávez y de su socialismo bolivariano, es miembro del colectivo crítico Profesores por el Conocimiento, y uno del millar largo de profesores españoles firmantes del manifiesto contra Bolonia ¿Qué educación superior europea?, que salió hace tres años de su facultad y han suscrito en Europa más de 7.000 profesores. Entre los objetivos de Bolonia que critican está el de orientar las carreras universitarias de tal manera que se facilite el acceso al empleo del estudiante: “Nos dicen que tenemos que reciclar los planes de estudio para, por ejemplo, trabajar enseñando a los ejecutivos. Pero aquí estudiamos Historia de la Filosofía y, que yo sepa, la tarea de esta disciplina no es adiestrar ejecutivos agresivos”.

Estos movimientos estudiantiles compiten por el protagonismo con el Sindicato de Estudiantes (SE). Marxista y predominante en institutos, cuenta con 22.000 afiliados, según fuentes propias. Su estrategia choca con la de los asamblearios, que lo tachan de autoritario y no representativo. Su secretario general, Tohil Delgado, estudiante de Antropología por la UNED, se defiende: “Con la mayoría de las asambleas tenemos una relación fraternal, aunque grupos de izquierda han lanzado sobre nosotros prejuicios interesados. ¡Han llegado a decir que somos herederos del franquismo!”. Delgado atribuye a su sindicato el liderazgo de las protestas: “Las asambleas hasta ahora no tenían casi participación. Valoramos su labor, pero ha sido el SE quien ha movilizado a los estudiantes en las manifestaciones”. Versión que choca con la de los asamblearios: “En la manifestación pudo verse la importancia real del SE: tras su pancarta, 150 personas; metros atrás, marcando la diferencia, miles de estudiantes”, dice Miguel Urbán, y añade: “El problema es que, mientras sindicatos como el SEPC sí participan en las asambleas, el SE pretende llevar toda la iniciativa”.

Oriol Sagrera, independentista declarado, explica que la acción del SEPC se circunscribe “al marco nacional catalán”: “Además de Bolonia, luchamos contra la marginación del catalán en las aulas y por la independencia de los países catalanes”. Movimientos de la izquierda independentista catalana llevan la voz cantante contra el Proceso de Bolonia en Cataluña. El SEPC, con 400 afiliados, se enmarca en el llamado Movimiento Catalán de Liberación Nacional, al que también se adscribe la Coordinadora de Asambleas de Jóvenes de la Izquierda Independentista y una formación, Maulets, implicada en numerosos actos violentos. En nombre de la coordinadora, Sagrera pasó dos días de mayo encaramado en una grúa de la Sagrada Familia para protestar por el encarcelamiento de su compañero Franki, un joven procesado por arrancar y quemar una bandera española del Ayuntamiento de Terrassa durante las fiestas de la ciudad.

Sobre Sagrera pesan dos expedientes, que podrían acarrearle tres años de expulsión de la UAB. Usando una dialéctica recurrente en el radicalismo vasco, se justifica: “Llevamos una praxis política combativa porque este proceso afecta políticamente a los estudiantes. Nuestra actitud no debe por tanto considerarse violenta, sino política”. El vicerrector de alumnos de la UAB, Joan Carbonell, insiste en que lo expedientes “no son políticos, responden a conductas violentas que serían sancionadas en cualquier parte”. Según Carbonell, hasta ahora la UAB es la universidad que más tolerancia ha mostrado con los anti-Bolonia: “Nos hemos dado un tiempo para buscar soluciones que no impliquen la entrada de las fuerzas de seguridad. Pero no toleraremos que la situación siga así cuando empiece el año”. La respuesta de Sagrera es tajante: “Aguantaremos hasta que haya un pacto que nos satisfaga y se retiren los expedientes”.

http://www.interviu.es/reportajes/articulos/quien-es-quien-en-el-frente-anti-bolonia

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