Ante el atentado de Utoya

By on 18 agosto, 2011 in Derecha Radical | 0 comments

Miguel Urbán Share On GoogleShare On FacebookShare On Twitter

Ante el atentado de Utoya: “Psiquiatrizar lo ocurrido” o revisar la política europea

El pasado 22 de Julio una bomba estallaba en el centro político de Oslo, causando al menos 5 muertos. Dos horas mas tarde, un hombre armado mataba a sangre fría a decenas de jóvenes que se encontraban en la isla de Utoya en un campamento de la Liga de Jóvenes Trabajadores, las juventudes del Partido Laborista. Las primeras noticias especulaban sobre la autoría yijadista del doble atentado, el más importante de la historia de Noruega. Descartado el fundamentalismo islámico, se llego a apuntar a la manida y recurrente generalidad de los  “anti-sistema”. Pero no, el asesino confeso de los jóvenes de Utoya y autor de la bomba de Oslo, era Anders Behring Breivik, ex-militante del Partido del Progreso Noruego, una de las pujantes formaciones europeas de extrema derecha islamofóbica.

Mas allá de que actuara solo o en coordinación con otras células de extrema derecha, está claro que Breivik, no era simplemente un maníaco asesino, sino que tenía un ideario político xenófobo, racista anti-inmigración, alentado desde hace años por una parte del arco parlamentario noruego representado por el Partido del Progreso (23% de votos en las ultimas elecciones y segunda fuerza política de Noruega), también con un importante eco en el resto de los países escandinavos: Partido de los Auténticos Finlandeses  Partido Popular Danes y Partido Demócratas de Suecia, que han hecho sus banderas de la islamofobia, del rechazo a la inmigración y de una especie de “chovinismo del bienestar, sobre lo que han sustentado unos magníficos resultados electorales en la ultima década.

Desde hace tiempo, el auge de la extrema derecha nacional-populista nos debería de haber hecho replantear nuestra imagen escandinava como remanso de tolerancia y respeto, mostrándonos los peligros que comporta el estigmatizar a comunidades enteras, utilizadas como arma arrojadiza en una especie de subasta electoral. Pero ha hecho falta el asesinato de más de setenta personas para que los focos alumbren de refilón parte del problema: las motivaciones políticas del atentado. Unas motivaciones recogidas por Anders Behring Breivik en un extenso escrito titulado 2083: Una declaración de independencia europea, en donde llama a acabar con el multiculturalismo y la “colonización islámica de Europa”, que, según él, ha sido “tolerada por los marxistas.” De esta forma, al atentar en el campamento de las juventudes del partido laborista en Utoya, tenia un objetivo político claro: liquidar a los futuros dirigentes de la socialdemocracia noruega, acabar con los que, según había escrito, abrirán la puerta a los inmigrantes para permitir la islamización de Europa: “Antes de que podamos iniciar nuestra cruzada debemos hacer nuestra tarea de diezmar el marxismo cultural”.

Los diferentes llamamientos a la unidad de los noruegos, hacen presagiar una catarsis colectiva en la que se intente preservar la imagen de tolerancia escandinava apoyada en la imagen del Nobel, a costa de sepultar las motivaciones políticas, brindando una fotografía del atentado como la obra de un loco. Johan Galtung,  fundador del Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz, advierte de esta posibilidad: “La solución fácil es psiquiatrizar lo ocurrido, ver a Breivik como un loco con una adolescencia complicada. Pero entonces se pierden las ideas que hay detrás de su acto, que están en el manifiesto que ha escrito y que están diseminadas por toda Europa, incluida España.”

Seguramente el establishment noruego prefiera como afirma Johan Galtung, la solución fácil,  “psiquiatrizar lo ocurrido”, antes que revisar cómo el Partido del Progreso de Noruega, partido del que Breivik fue un militante activo y dirigente local hasta 2006, ha llegado a ser la segunda fuerza política del país a base estigmatizar a la población migrante, en especial a la musulmana. En este sentido, ya se está viendo cómo el propio abogado de Breivik, Geir Lippestad,  conocido por haber defendido a unos neonazis que mataron a un noruego de origen africano, está decidido a utilizar la línea argumental de la locura como base de su defensa. De hecho, el propio Lippestad,  ha llegado a afirmar que si su cliente no acepta someterse al examen de los psiquiatras, dejaría el caso.

Desde luego, es extraño que consideremos a  Breivik como un simple loco en base a sus acciones: ninguno de los dos atentados fueron al azar, sino que tenían una intencionalidad política clara, como ha manifestado reiteradas veces en sus comparecencias en el juzgado o en el manifiesto 2083: Una declaración de independencia europea,  en donde afirma: “Una vez que decides golpear, es mejor matar a demasiados que a no los suficientes, o te arriesgas a reducir el impacto ideológico deseado del ataque.”

La base sobre la que Lippestad afirma la locura de su defendido, son las declaraciones que éste le ha realizado en sus entrevistas personales, que según ha señalado ante la prensa son: “se ve ‘como un guerrero’ y cree que está en ‘estado de guerra’, por lo que siente justificadas sus acciones, que ve como ‘necesarias’, aunque ‘Occidente no las pueda entender’(…)Espera que esto (la doble matanza del viernes) desencadene la guerra.”

El asesino de Utoya  se definió como seguidor de  Geert Wilders, líder del Partido de la Libertad de Holanda, la tercera fuerza del país y sostén del gobierno de conservadores y liberales. Si tuviéramos que considerar a Breivik un enfermo mental por sus declaraciones, tal y como está afirmando su abogado: ¿cómo tendríamos que catalogar a los principales líderes de la ultraderecha europea a tenor de sus declaraciones antes y después del atentado?

El propio Wilders, un mes antes de la matanza, fue absuelto del delito de incitación al odio racial contra los musulmanes por unas declaraciones marcadamente islamofobas: En el juicio llego a afirmar como base de su defensa: “Estoy obligado a hablar. Porque Holanda se encuentra bajo la amenaza del Islam. Como he afirmado muchas veces, el Islam es, principalmente, una ideología. Una ideología de odio, de destrucción, de conquista.” Incluso en un viaje en Israel llego a declarar: “Nuestra cultura está basada en el cristianismo, el judaísmo y el humanismo y los israelíes están luchando nuestra causa. Si Jerusalén cae, Amsterdam y Nueva York serán las siguientes”. Todas estas declaraciones tienen un claro componente “frentista” y belicista que no dista mucho de las propias afirmaciones de Breivik. El cual ya en el 2009, se vinculaba con las organizaciones de ultraderecha islamofóbicas que estaban alentando con sus declaraciones una velada guerra contra el Islam, en una supuesta defensa de los valores europeos, por supuesto cristianos. “Lo que la mayoría de la gente aún no entiende es que la actual islamización de Europa no puede ser detenida antes de que uno se acerque a la doctrina política que hace posible esto.”

La principal dirigente del Partido Popular Danes, Pia Kjaersgaard,  sostén del gobierno conservador desde 2001 y punta de lanza de la extrema derecha islamofóbica escandinava, declaró recientemente, en un intento de justificar la imposición de nuevo controles en las fronteras: “Si quieren convertir Estocolmo, Gotemburgo o Malmö en unos Beirut escandinavos con guerras de clanes, asesinatos por honor y violaciones por bandas, que lo hagan”, advirtió Kjaersgaard. “Nosotros siempre podemos poner una barrera en el puente de Oresund”. Dicho y hecho, el gobierno danés, presionado por su muleta parlamentaria ultraderechista, ha lanzado un órdago a la UE con la congelación de la libertad de circulación que estasblece Schengen.

Ante la matanza de Ultoya, la extrema derecha parlamentaria ha tenido reacciones heterogéneas. Desde la condena y repulsa como ha sido el caso del Partido del Progreso Danés, en el que militó Breivik hasta 2006, o el propio Wilders que afirmó en un comunicado que desprecia todo lo que (Breivik) representa y todo lo que ha hecho. Temerosos de que una vinculación con las motivaciones políticas de los atentados pudiera manchar su imagen de respetabilidad y mermar sus buenas expectativas electorales.

Por el contrario, otros líderes ultraderechistas no han tenido tanto reparo a la hora de minimizar los hechos e incluso justificar los atentados. El fundador del Frente Nacional Francés, partido guía de la extrema derecha europea durante dos décadas, Jean Marie Le Pen, declaro días después de los atentados: “la ingenuidad frente a la inmigración es más grave que el asesinato masivo perpetrado (…) Lo que me parece grave, y queda demostrado por este caso, es la ingenuidad y la inacción del Gobierno noruego frente a la inmigración”. Incluso otro dirigente del FN, Jacques Coutela, comparó a Breivik con Carlos Martel, considerándolo como un “icono” y “el principal defensor de Occidente”. Unas declaraciones que le han valido la suspensión del partido a la espera de un comité disciplinario.

Asímismo, el eurodiputado italiano de la Liga Norte, Mario Borghezio, declaró, en un programa de radio, que: “Las de Breivik son posiciones que se pueden compartir, en algunos casos hay óptimas ideas detrás (…) La oposición al Islam, la acusación a Europa de rendirse antes de combatir, son posturas correctas (…)el ‘no’ a la sociedad multirracial, la crítica al miedo de una Europa que parece resignada a la invasión islámica y hasta la necesidad de una respuesta común y cristiana de tipo templario contra la difusión de ideas ‘mundialistas’ son un patrimonio de todos los europeos”. Borghezio también relacionó las posiciones políticas de Breivik con el auge de la extrema derecha europea afirmando que ideas como las del asesino de Utoya “captan el 20% de los votos en Europa, lo que equivale a 100 millones de personas que piensan de esa manera”. Las polémicas declaraciones Borghezio, le han valido una suspensión de tres meses en su partido y una investigación por parte de la fiscalía italiana. En caso de ser juzgado no será la primera vez: en 2005 fue condenado por la agresión a unos inmigrantes que dormían bajo un puente en Turín tras una marcha de las patrullas paramilitares “Voluntarios Verdes” en el 2001.

Daniel Poohl, director de la publicación antirracista sueca Expo (que fundó el escritor Stieg Larsson) entrevistado por La Vanguardia, respondía a la pregunta: ¿Hasta qué punto podemos responsabilizar a un partido de lo que haga un loco por su cuenta? “Es difícil decirlo, es evidente que no se puede señalar sólo en una dirección. Pero este agresor formaba parte de un movimiento político, de donde sacó unas ideas que han inspirado su ataque. Y quiero recordar que cada vez que hay un atentado yihadista en el mundo, los partidos de extrema derecha europea, incluido el Partido del Progreso, son los primeros en decir que los musulmanes deben asumir su responsabilidad sobre esa violencia. Si ese razonamiento es válido, ahora ellos deberían hacer lo mismo.”

No creo que la extrema derecha europea asuma la gran parte de la responsabilidad que les corresponde por llevar años echando gasolina ideológica sobre el odio al “extranjero” al “diferente”, por alentar una imagen estigmatizada de la migración, como invasores, como delincuentes… Pero tampoco creo que los responsables partidos del sistema asuman su culpa por adaptar sus discursos y políticas públicas a los dictados de una ultraderecha en ascenso, asumiendo una buena parte de sus postulados, legitimando ante la opinión pública europea el ascenso de la xenofobia, la islamofobia y el racismo. Seguramente todos estos partidos volverán a estar de acuerdo, una vez mas, en que es mejor “psiquiatrizar

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133769

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