Pistas para entender el ascenso del Frente Nacional

By on 10 agosto, 2014 in Artículos, Derecha Radical | 0 comments

Miguel Urbán Share On GoogleShare On FacebookShare On Twitter

Miguel Urban
Miembro del consejo asesor de la revista Viento Sur

Más allá de la victoria de la derecha de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), las elecciones municipales francesas han dejado tres importantes lecciones a tener muy en cuenta.

Los socialistas franceses han sufrido un duro varapalo. Han pagado por sus políticas socio-liberales de gestión de la austeridad y aplicación de recortes, siguiendo la senda del gobierno de Sarkozy. Seguidismo incluso en lo referente a las expulsiones de Romanís, agitando un populismo punitivo y xenófobo por parte del hasta ayer ministro de interior Manuel Valls. Su ascensión al cargo de primer ministro representa toda una declaración de intenciones por parte del presidente Hollande. Como hemos visto en tantas ocasiones, las medidas restrictivas contra los migrantes, a los que convierten en un “problema”, genera un marco político y discursivo que los partidos de extrema derecha explotan con tremenda “eficacia”.

El alto nivel de abstención, el 38,5%, un nuevo récord desde 1958, marcado por la desafección de una parte significativa de la población, que el ex primer ministro socialista, Jean Marc Ayrault, identifica con aquella “que confió en la izquierda en el 2012”. El histórico índice de abstención demuestra un hartazgo con los principales partidos de la Quinta Republica Francesa, que apenas mantienen diferencias sustanciales en lo referente a la política económica. Una situación que suele favorecer un voto de protesta o contestatario hacia opciones políticas que se sitúan en los márgenes del sistema y que mantienen un liderazgo fuerte y mediático, siendo la ultraderecha quien mejor ha sabido explotar electoralmente este fenómeno.

Por último, los históricos resultados del Frente Nacional, que quintuplicó sus votos en la primera vuelta, El 4,7% de los votos puede parecer una cifra baja, pero no hay que relativizar, porque el FN no presentaba candidaturas en la inmensa mayoría de los municipios, sólo en un tercio de ellos, y al final ha logrado quince ayuntamientos. Los más grandes, Béziers, con 71.000 habitantes y Fréjus, con 54.000, las dos en zona mediterránea. Así como más de 1.000 consejeros municipales, lo que le permitirá pesar aun más en la política francesa, especialmente en las próximas elecciones, las europeas de mayo y las del Senado de septiembre.

Los resultados del Frente Nacional confirman una tendencia en ascenso, la aceptación de las ideas de extrema derecha y los discursos anti-inmigración por gran parte de la ciudadanía europea, que ante la crisis económica “busca refugio” en un repliegue identitario de carácter xenófobo y populista autoritario.

Uno de los elementos comunes entre las principales formaciones de extrema derecha a nivel europeo, que en cierta medida inauguró el FN, es el de los planteamientos restrictivos con respecto de la inmigración. Prácticamente la totalidad de las organizaciones de este heterogéneo ambiente político apunta a los inmigrantes, preferentemente pobres y “no occidentales”, como chivo expiatorio de una supuesta degradación socioeconómica y cultural.

El ascenso de los discursos anti-migración por parte de la extrema derecha está en gran medida precedido por un contexto de criminalización institucional de la población migrante.

Los cadáveres de los náufragos de las pateras, los muertos en los desiertos y/o las vallas fronterizas son la expresión de otra forma de racismo. Son las víctimas de la xenofobia institucional; un racismo de guante blanco, anónimo, legal poco visible pero constante, que sitúa una frontera entre los que deben ser protegidos y los que pueden o efectivamente resultan excluidos de cualquier protección. Una degradación de la seguridad jurídica y policial, organizada con el objetivo de expulsar al emigrante, lo que lleva también, como segundo resultado, a producir una mano de obra fácilmente explotable desde el punto de vista económico, pues el Estado la convierte en vulnerable. Propicia un caldo de cultivo para la xenofobia política definida mediante esta operación de exclusión, cuya matriz es económica y que favorece una competencia entre autóctonos y foráneos en el esfuerzo por conseguir un recurso escaso, el trabajo. Una situación que genera una audiencia significativa entre sectores de la clase obrera y clases medias para un discurso de primacía nacional.

De esta forma, el Frente Nacional liderado desde 2011 por Marine Le Pen, ha sabido utilizar hábilmente un populismo multiforme. “No somos ni de derechas ni de izquierdas, porque el mundo es hoy mucho más complejo que todo eso”, afirmaba, asumiendo la denominación de “peronismo a la francesa”. El discurso anti-élites se sustenta sobre una soflama en torno a la primacía nacional: “los franceses primero”. Esta conjunción de elementos discursivos ha generado un verdadero “poder de agenda”, entendido como capacidad para establecer las prioridades programáticas, las problematizaciones relevantes, los enunciados discursivos que fijan los términos de la discusión dentro del panorama político francés.

El énfasis movilizador de la derecha radical ya no solo pivota sobre cómo evitar que nuevos inmigrantes puedan superar sus fronteras, sino que también aborda la problemática de una población migrante ya residente no “integrada”, e incluso nacional, descendiente de migrantes en segundas o terceras generaciones. Tal como explicaba Daniel Bensaid, “incluso habiendo nacido en Francia y siendo ciudadanos franceses, los ‘segunda o tercera generación’ siguen marcados a fuego por su origen. (…) Ciudadanos en virtud del derecho de suelo, la sociedad no les reconoce sin embargo de pleno derecho ”.

De esta forma, la identidad hoy en día se concibe generando una restricción al concepto de pertenencia “nacional” o “europea”, que ataca directamente el concepto de protección jurídica en relación a la pertenencia a la comunidad, incluso con su exclusión legal, sentando las bases programáticas de la xenofobia política del siglo XXI, sobre la que reside gran parte del éxito político y capacidad de movilización de la extrema derecha.

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